Tarjetas revolving: el cuento de nunca acabar (de pagar)

Reclamar su Tarjeta «revolving», y dejar de pagar intereses abusivos ya es posible.

Ahora es el momento de reclamar su tarjeta de crédito revolving.

Estas son un tipo de tarjetas de crédito muy usadas, que tienen como denominador común dos cosas: la facilidad con la que las conceden. La otra es la facilidad con la que estas tarjetas despluman a sus usuarios.

¿Y eso, por qué ocurre? 

Porque los bancos y financieras, a veces por su cuenta, y otras en conjunción con diversos establecimientos de venta minorista, (Carrefour, Alcampo, Ikea, Fnac, Leroy Merlin, Mediamarkt, Decathlon, Zara, Conforama, Eroski) compañías de transporte (RENFE, Iberia. Alsa. Air Europa) y energéticas (CEPSA, REPSOL, Unión Fenosa) lanzaron esta modalidad de tarjeta para fomentar las ventas y el consumo en estos establecimientos, con el viejo y manido argumento de «Compre ahora y pague después».

Estos créditos, al contrario que un crédito o préstamo convencional, no tienen indicado un número de cuotas para su devolución.

Esto es una característica común a todas los créditos incorporados a tarjetas, ya que las cuotas varían en función de la forma de pago acordada.

¿Como se pagan las tarjetas revolving?

Puede acordarse una cantidad fija mensual, en la que se engloba capital e intereses. También  puede contratarse la devolución del total mensualmente, incluyendo los intereses liquidados.

Conforme se va amortizando saldo, el mismo vuelve a quedar disponible, hasta el total del crédito autorizado,  sin necesidad de que el cliente tenga que hacer nada.

Todo un “invento” del sistema para que no nos privemos de nada. ¿No tenemos dinero? ¡No importa! ¡ya lo pagará después!

¿Cuál es entonces el problema? Muy sencillo: su elevado coste. La facilidad de compra tiene como contrapartida que el precio que se paga por este crédito es muy alto. Los intereses alcanzan la categoría de usurarios, cuando los pagos se fraccionan.

tarjetas revolving

¿Es usted solvente? Al banco le da igual

Todos estos emisores de tarjetas incumplen la que debe ser la primera exigencia que una financiera tiene cuando concede una línea de crédito a un cliente, y que es ASEGURARSE de que el cliente es solvente y podrá devolver el dinero prestado.

Sin embargo, no lo hacen  porque los elevadísimos intereses y gastos a cargo del cliente, además del uso de una política de recuperación agresiva de los impagos, les compensa largamente los posibles créditos fallidos o difíciles de recuperar.

El mecanismo fatídico de las "revolving"

Estas tarjetas no son muy diferentes a otras cuando se paga toda la cantidad gastada al final del periodo de liquidación mensual. Se cobran unos intereses razonables, y ya está.

El problema surge cuando el cliente no puede pagar la cantidad total y pide que se le fraccione el pago «en cómodos plazos». Ahí es cuando entra en acción el mecanismo perverso.

El emisor suele fijar una cuota mínima, y el asfixiado usuario empieza agradeciendo tanta facilidad.

Pero ni se da cuenta de que con el pago de esa cuota mínima no paga ni siquiera los intereses generados. Estos suelen estar normalmente alrededor del 25% y superiores.

Todo ello sin contar que la mayoría de estas tarjetas obligan a la contratación de un «seguro de amortización».

Esto, en todo caso, cubrirá el pago del saldo restante si usted cumple todos los innumerables requisitos que le exigirán para usar el mismo.

Las cuotas de estos seguros suelen ser tan elevadas que al final paga (si es que alguna vez termina) más de seguros que del capital prestado.

Y si usted devuelve una cuota, pues ya se cae con todo el equipo. Le exigirán una comisión por impago y le liquidarán intereses moratorios (o sea, por el retraso). 

Si estas comisiones e intereses no se pagan, pasan a engrosar el capital, generando, naturalmente, nuevos intereses. Eso se llama anatocismo, que es cobrar intereses sobre los intereses.

Por eso, no es de extrañar que haya quien en su día tuvo una tarjeta con 2.000 euros de crédito, que en 8 años lleva pagado más de 8.000 y a quien todavía se le exige mucho más. 

Es llamativo el caso de Wizink, lanzadas por el Banco Popular, de las que una reciente sentencia del  Tribunal Supremo sobre sus tarjetas revolving ha declarado sus intereses usurarios.

Extracto real de Caixabank Consumer Finance, que ahora se llama CaixaBank Payment@Consumer. De una cuota de 65 euros, se pagan de intereses 32,94, por lo que se amortizan 32,06. Teniendo en cuenta que el importe utilizado es de 1.833,39, harían falta más de 57 meses para terminar de pagarla, y habríamos pagado más del doble del capital.

Calculadora de tarjetas revolving Banco de España

Pinchando en el siguiente enlace, puede acceder a una calculadora elaborada por el Banco de España para saber cuándo terminará de pagar su tarjeta revolving y cuántos intereses pagará.

https://app.bde.es/asb_www/es/vencimiento.html#/principalVencimiento

Puede realizar varias simulaciones y si pulsa en “Ver detalles”, acceder a la representación gráfica de las diferentes opciones, a las tablas de amortización y a su descarga en Excel y PDF.

¿Cómo reclamar?

Si ha caído en la trampa de las tarjetas «revolving» habrá comprobado que la deuda no se acaba nunca. Especialmente si paga una cuota baja, o si devuelve alguna mensualidad. 

Seguro que ya ha pagado con creces el dinero del que dispuso y aún así sigue debiendo lo mismo o más. 

Este es el resultado de los tipos de intereses usurarios o leoninos que se aplican a estas tarjetas.

Ya se han dictado muchísimas sentencias de tarjetas revolving que dan la razón al cliente. 

Por todas, la sentencia del Tribunal Supremo de las tarjetas revolving de Wizink Bank abre la puerta a reclamar en todos los demás casos de contenido similar.

Si quiere reclamar su tarjeta revolving para que le devuelvan todas las cantidades que le han cobrado indebidamente, puede traernos o remitirnos la documentación que tenga de la tarjeta: contratos, recibos pagados, comunicaciones de la entidad, etc. 

Así, estudiaremos su caso y comprobaremos si es reclamable o no. 

De serlo, intentaremos una transacción amistosa con la emisora de la tarjeta. Si no lo conseguimos por las buenas, estudiaremos una demanda judicial por cláusulas abusivas e intereses usurarios.

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